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Mostrando entradas de 2014

Literatura barata

Llegué a casa a las siete. Mi cabeza dolía. Decidí ir a la cocina por algo de comer: sólo había huevos en la heladera. Tomé uno, y lo herví. El dolor de cabeza persistía. Cerré los ojos un momento, y respiré. Comí, sin muchos ánimos. Me acosté a dormir, con lágrimas cayendo por mis mejillas. No estaba segura de por qué tenía esas inmensas ganas de estar lejos, y que a nadie le interesase dónde estuviese. Ella llegó. Lo noté por su característico portazo malhumorado. Me sentí tan pequeña. Me levanté, como pude, algo mareada, a saludarla. No debía darle causas para que hiciera empeorar mi dolor de cabeza. Volví a la cama. Comencé a sentir náuseas. Las ignoré. Desperté confundida. Tenía frío y todo se sentía extraño. La puerta de mi habitación estaba abierta (yo creía haberla cerrado). Escuché caer estrepitosamente muchos litros de agua, cual interminable catarata. Esa insoportable y no-transmisora de saberes, ni contenido alguno, que tanto identifica a sus televidentes, también c...

Solcito lindo

Podría decirse que me gustan los atardeceres porque son coloridos. Llana y sencillamente. Pero no. La realidad es que me gustan los atardeceres porque me traen cierta nostalgia. No estoy segura por qué. Tal vez sea porque su hermosura y esplendor dure unos pocos minutos. Sin lugar a duda, lo que más me gusta es el punto cúlmine del apogeo del atardecer: el momento exacto donde la noche se posiciona por un lado para salir, con toda su oscuridad y magnificencia, y del lado opuesto se divisan los últimos y potentes colores creados por el Sol y sus rayos finales... (espero haber disimulado poéticamente mi ignorancia hacia no saber de qué punto cardinal sale el Sol, y por cuál se pone) Es curioso; sólo noto la hermosura de la puesta de la estrella que mantiene la vida en el planeta Tierra, y de todos los bellos colores que la acompañan, cuando me siento feliz. Sin embargo, trae a mi mente esa suerte de melancolía. Con razón soy una incomprendida.
No eres padre si tus hijos crecen    Y tú sientes que ellos no merecen   Ni siquiera un poco de atención…   Si nunca ves a tu hijo en casa   Y en vez de ver lo que le pasa,   Prefieres mejor ver la televisión.
Imagen
Equinoccio - Juana Lo Duca fotografía